Por David Acosta
La sucesión adelantada en Quintana Roo, es el resultado natural de tres años de un gobierno desarticulado entre su discurso y sus acciones, que ante la falta de oficio político y su obstinamiento por vengarse de sus detractores, desperdició la popularidad que generó en campaña al ofrecer un cambio que se resume en honestidad y transparencia, modernización de la administración pública, y oportunidades para todos en un desarrollo integral del Estado.
Un gobierno que, por si fuera poco, traicionó a los electores del sur de Quintana Roo, en especial a los de Chetumal, y en específico a la burocracia, la que no sólo viene definiendo elecciones, sino que constituye desde siempre el soporte técnico-administrativo del ejercicio gubernamental.
Ante el nuevo mapa geopolítico en la entidad, en el que los mejores pronósticos son para el partido Morena, pero no como un ente político sino como el movimiento social que aún encabeza Andrés Manuel López Obrador desde la Presidencia de la República; la llamada burbuja de la Luz del gobernador Carlos Joaquín González, en plena cuenta regresiva que puede convertirse en una drástica caída libre, no tuvo más remedio que configurar su primera alianza de la sucesión adelantada, en la que los “Morenos” ya llevan camino andado.
Sin resultados tangibles, éstos actores del mal logrado “gobierno del cambio”, están montado un espectáculo de la comunicación política, que pretenden internacional y que costará unos 8 millones de pesos, una cara cortina de humo para disfrazar lo que se ha dejado de hacer en el gobierno estatal aduciendo una inadecuada estrategia de comunicación, poniendo en el banquillo de los acusados a la cuestionada vocera Haidé Serrano, desde luego con la idea de también hacerse de su posición.
De los actores: Filiberto Martínez, un político perverso, que descubrió que tal cual camaleón consigue mejor lo que quiere, en este caso salió a los reflectores para buscar la dirigencia estatal del PRI; amén de sus cuestionados resultados en la última elección como coordinador de la coalición PAN-PRD.
Nada tuviera de extraordinario, si no fuera porque tejió una alianza con dos personajes: el Secretario de Gobierno, Arturo Contreras Castillo, y el Rector de la UQROO, Francisco López Mena. Todo inició con la solicitud del segundo al mandatario Carlos Joaquín González, de que lo dejara renunciar a la SEGOB y le diera de “regalo de cumpleaños” la rectoría de la máxima Casa de Estudios, desde donde impulsará su candidatura del PAN a la gubernatura en el 2022.
A Contreras Castillo le correspondió la ratificación como Secretario de Gobierno, ante el acuerdo del trío del cambio de que Filiberto Martínez ya no pidiera la posición, a cambio de apoyo político en el sur y la generación de dineros para postularse a la dirigencia estatal del PRI, de donde también pretende conseguir la nominación para gobernador en el 2022.
Y colorín, colorado, este cuento se termina con dos eventuales candidatos a gobernador a modo para suceder a Carlos Joaquín González; lo que avaló por lo menos la burbuja que dirige el súper asesor, Juan de la Luz, de quien también se dice que pronto abandonará el barco porque está haciendo agua, y mejor cambiará de residencia a Querétaro.