Por Martín G. Iglesias
La sociedad quintanarroense sufre por su clase política, pues cuando no se toman las decisiones correctas, la credibilidad de los políticos se viene abajo; se autoalaban entre ellos para tratar de levantar una imagen que la misma sociedad reprueba, estamos en la coyuntura donde el sinónimo de ser político es ser corrupto, mentiroso, ineficiente, incapaz y sin vergüenza.
Lógicamente, como en toda circunstancia, hay excepciones a la regla, hay poquísimos políticos/as que sí cumplen con lo que les mandata la Constitución, pero son a los que no se les da la oportunidad de tomar decisiones, siempre están de segundos, para evitar que con sus buenas ideas “contaminen” a la clase política.
La mala política afecta a la sociedad, máxime cuando se rige por decisiones caprichosas o para favorecer a sus “compadres” o por temor a la turbulencia que los cambios naturalmente generan, provoca retroceso, estancamiento y descontento general. Los malos políticos/as fomentan gobiernos de élite, el monopartidismo se hace presente pues concentran todo el poder de decisión en su partido, sin tomar en cuenta a los gobernados; la concentración de poder la depositan en las personas, no en las instituciones; cuando son gobernantes benefician solo a los compadres, los monopolios públicos y privados, las elecciones a modo o las Asociaciones Civiles controladas por el gobierno.
En Quintana Roo tenemos una crisis política, en todos los partidos, en todos los sectores y en la mayoría de los gobiernos; la señal es que estamos llegando a politizar incluso los actos de la vida cotidiana en aspectos como las relaciones de amistad, familiares o incluso sociales, o en la manera de hacer las cosas.
Los teóricos advierten que al mezclar la vida cotidiana con la política muchas veces hace que los individuos se discriminen mutuamente, solo por el hecho de que no comparten la misma ideología, pensamientos u opiniones. Incluso algunos llegan a darle demasiadas vueltas a un asunto que en verdad carece de relevancia. Quizá pueda parecer paradójico decir a la vez que la política influye mucho en las pautas de comportamiento de la gente. Así, por ejemplo, un fascista es muy cerrado de mente mientras que un anarquista está abierto al intercambio de opiniones (aunque desgraciadamente haya algunos que sí son dogmáticos); un socialdemócrata solo piensa en términos medios mientras que uno de derechas es soberbio y arrogante; no digamos uno de izquierda que es terco y testarudo.
Entre más se acerque el 2022, más se va a arreciar el daño que los políticos le harán a la sociedad, la que está ofendida, pues los recursos púbicos no son de beneficio particular, sino general. Utilizar el cargo para hacer maldad a la sociedad, se debería castigar con la misma severidad de un secuestro, pue eso es lo que hacen los políticos, secuestran el poder que le pertenece al pueblo. Hasta ahí…
SASCAB
Otro gremio que no se salva de la crisis es el periodístico, en los medios de comunicación de Quintana Roo este año suman cerca de 100 despidos; lamentablemente en condiciones fuera de la ley, pues no se les paga de acuerdo a lo estipula la Junta de Conciliación y Arbitraje, que deja mucho que desear en su desempeño.
En los medios de comunicación quintanarroenses hay varias razones por las que se dan los despidos, pero la principal de ellas es la falta de recursos económicos, ya que el 98% de las diferentes plataformas por donde fluye la información, pues depende completamente de los convenios o canonjías que les entrega el Gobierno del Estado o en su defecto el gobierno municipal.
En preocupante que no se piensa en las instituciones, en las empresas de comunicación, sino en los individuos, donde a unos pocos les dan muchos y a los muchos les dan poco. Es humillante para los compañeros periodistas andar cobrando lo que ya desquitaron; nadie se sienta en un restaurant o en una cafetería y le dice al dueño, ahí luego vengo a pagar, no; es consumiendo el alimento y se tiene que pagar; ¿porqué mendingar lo que ya se trabajó?, quizá porque existe una perversidad en ello.