Capital Política / Cae la farsa de los uniformes escolares

Por David Acosta

01 Capital Politica Cae la farsa de los uniformesMás rápido cae un hablador que un cojo, reza un viejo refrán el cual se puede aplicar a lo que le sucedió al oficial mayor, Manuel Alamilla Ceballos, mientras daba su informe de cifras alegres en una conferencia de prensa, un grupo de empresarios encabezado por Pedro Quintal Loeza realizaban otra conferencia denunciando que pese a haber entregado el 80 por ciento de los kits escolares para más de 236 mil alumnos del estado (por cierto fuera de tiempo, porque el plazo era hasta el 30 de agosto pasado), no les han pagado nada de los 127 millones de la licitación que ganaron. No fuera una empresa de Puebla, porque con ellos si son puntales, los chetumaleños son de segunda o tercera para este gobierno.

 

La conferencia de prensa a modo organizada por la Coordinación General de Comunicación (CGC) buscaba posicionar los resultados de la gestión de Almilla Ceballos al frente de la dependencia en el tercer año de gobierno, que ciertamente no ha ido más allá de los escándalos que ha protagonizado. La realidad rebasó los dichos del funcionario público y fueron los textileros quienes salieron a revelar la verdad del programa de uniformes, que es uno los más importantes según la presente administración, habría qué imaginar cómo están los que no son tan importantes.

El hecho es que los fabricantes se quejan de la falta de pago de 127 millones de pesos de los que no han recibido ni un quinto y al parecer a los afectados los traen de cuento en cuento desde hace meses, hasta que tuvieron que salir a decir lo que ocurre, es decir nada de pago solo discurso. Por cierto los textileros habían sido fieles defensores de Manuel Alamilla en las redes sociales, hasta que la realidad los alcanzó.

Para mitigar el golpe la Oficialía Mayor salió con la ridícula sanción a dos trabajadores, quienes según la investigación de dos años de la Secretaría de la Contraloría fueron los encargados de asignar un contrato por 104 millones a la empresa poblana a Adicon S.A. de C.V. para la confección de 222 mil kits de uniformes. Lo cierto es que trabajadores de ese nivel no tienen facultades para decidir sobre esos millonarios recursos, aquí la pregunta sería ¿Quién tenía compromiso con los poblanos, los dos trabajadores o el propio Carlos Joaquín González? No se necesita ser tan brillante para descubrir la calidad de trabajo de la Secoes, es como querer vender pan a Bimbo diría otro refrán popular.

Lo que Manuel Alamilla no dijo es que él también salió raspado con una sanción no solo ridícula, sino insultante: un apercibimiento privado, es decir lo regañaron en corto por Rafael del Pozo Dergal.

Hay una frase que se volvió lema del gobierno de Carlos Joaquín: «el que la hace la paga» ¿Con estas irrisorias sanciones realmente están pagando por la asignación irregular de 104 millones de pesos?

La suspensión por 15 días del director general de Administración de la Oficialia Mayor, José Manuel González Acosta y la del director de Recursos Materiales, Edwin Azmir Díaz Tello por seis meses, así como las «nalgaditas» al oficial mayor, no es más que una farsa mal montada, con la cual la Secoes quiere salir al paso de las múltiples acusaciones de corrupción que rodean a esta administración, pero a todas luces se ve que no corresponde a la realidad.

Las licitaciones de uniformes del 2018 y 2019 tienen sus propias irregaridades. Incluso textileros del sur del estado están denunciando que es una compañía poblana la que sigue maquilando la mayoría de los kits y en el caso de ellos solo son utilizados para tapar el ojo al macho, pese a que una empresa local que los subcontrató «gano» la licitación.

A tres años del gobierno del cambio y luego de un informe en el que se derrocharon más de 50 millones de pesos y de cifras alegres que nada tienen que ver con la realidad que vive Quintana Roo, el sur vuelve a ser noticia. La fabricación de los kits escolares fueron ofrecidos como una opción para mejorar la situación económica de empresas textileras locales y hoy se encuentran endeudados y sin esperanza de fecha de pago.

Y sin esperanzas también se encuentran los habitantes de Chetumal, quienes más allá de ser utilizados electoralmente hoy se encuentran en el abandono tanto que, el propio Juan de la Luz Kanfachi ya se quiere ir de aquí “yo también estoy harto de estar aquí, ya quiero que esto acabe para regresar a mi casa”, afirma a su colaboradores cercanos.

 

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