Por David Acosta
Si algo tienen claro los quintanarroenses es que en tres años Carlos Joaquín González mató no solo su carrera política, sino la oportunidad de pasar a la historia como uno de los mejores gobernadores del estado, tomando en cuenta el apoyo con el cual llegó. Busca una salida “digna” tejiendo sus redes en donde sea necesario, para no terminar en la cárcel como lo asegura la propia secretaria de educación Ana Vásquez Jiménez, aunque se trate del partido que le dio la espalda en 2016.
Muestra de ello es la alianza que pretende hacer el yucateco con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que le dio la espalda y que le hizo la guerra durante la campaña electoral en donde salió triunfador, no por su capacidad, sino por el hartazgo de la gente sobre todo los del sur del Estado.
Esta intervención en el tricolor la quiere hacer a través de la ex diputada Candelaria Ayuso Achach y José Alberto Alonso Ovando, gente cercana a él pero que vienen de obtener beneficios de las administraciones de Félix González Canto y de Roberto Borge Angulo.
La primera cedió a las órdenes del Gobernador en la XV Legislatura y fue cómplice de Eduardo Martínez Arcila. El segundo estuvo a punto de ser denunciado penalmente por irregularidades en la Secretaría de Educación durante la pasada administración estatal, sin embargo por su traición a Borge Angulo actualmente es asesor del propio Carlos Joaquín y devengando un sueldo superior a los 81 mil pesos mensuales.
Joaquín González está buscando donde colgarse para protegerse porque al parecer la realidad política del país no le favorece y como afirma Vásquez Jiménez en un audio están temerosos de ir a la cárcel, porque las cuentas no andan muy bien en la administración pública “esto es lo que nos espera de aquí al 2022” dice al referirse a las revisiones de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).
También hay que recordar que el partido de Carlos Joaquín, Confianza por Quintana Roo resultó un fracaso. El PAN y el PRD con los cuales logró el triunfo hoy pagan las consecuencias de haberlo abanderado, solo quedan los restos de ellos y se encuentran en caída libre como la propia administración del yucateco.
La cosa es tan grave para el gobernador que solo tiene de momento al rector de la Universidad de Quintana Roo como figura para sucederlo y para catapultar la candidatura ha formado una alianza con el ex presidente municipal de Solidaridad, Filiberto Martínez Méndez, a quien también impulsa para ocupar el PRI estatal.
La complicidad en este grupo también se extiende al mismísimo Arturo Contreras Castillo, priista y dinosaurio político que se conformó con la Secretaría de Gobierno como premio de consolación y quien demostró una vez por qué los chetumaleños permiten ser tratados como personas de segunda clase.
Y como el miedo no anda en burro, el mandatario estatal también está armando sus redes en Morena, su candidato es Luis Alegre Salazar a quien le sigue el juego, pese a que este diputado federal no tiene idea de lo que es siquiera la aspiración a ese cargo, cada vez que hace algo la riega, piensa que con su radio puede influir en la opinión pública, pero que alguien le diga que ese tiempo ya pasó.
La cuenta regresiva para Carlos Joaquín ya inició y al parecer no cuenta con figuras fuertes para sucederlo, esto es un reflejo de su administración donde no logró la cercanía de la gente y se fue alejando de quienes lo llevaron al cargo, donde al final se quedó solo lejos de los quintanarroenses y con un grupito de importados que hoy al parecer ya quieren abandonar el barco con las alforjas llenas, como el caso de Juan de la Luz Enríquez Kanfachi que dice a quién lo quiera escuchar que ya se va de Quintana Roo. El barco ya hace agua.
Los intereses de Carlos Joaquín no son diferentes a los de Félix González Canto o los de Roberto Borge Angulo, el poder por el poder, tan es así, que las personas que lo ayudaron a llegar al cargo y a quienes luego ignoró cuentan a los cuatro vientos que resultó peor que el propio Roberto Borge.