David Acosta
Ante la casi aprobación de la ley que regula las plataformas que ofrecen hospedaje, el cambio de placas para los automóviles y la renegociación de la deuda pública de Quintana Roo que con este “reendeudamiento” llegará a más de 60 mil millones de pesos, cuando la administración de Carlos Joaquín González la recibió en 19 mil millones de pesos de Roberto Borge Angulo, no queda claro a donde va a parar tanto dinero que el gobierno del cambio recibe en Quintana Roo.
En un comunicado de la plataforma Airbnb informó que a Quintana Roo es a la única entidad de México a la que se le paga impuesto al hospedaje desde hace dos años y por este concepto la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) se ha embolsado 139 millones de pesos desde 2017.
La anterior cifra es superior a los recursos que el estado pretende obtener por el concepto de emplacamiento que es de 124 millones de pesos, sin embargo nadie sabe el destino de este recurso, porque la obra pública es una gran deuda de Carlos Joaquín con los quintanarroenses.
No contentos con ya obtener recursos de la plataforma, el Gobierno del Estado y los diputados van ahora por la “morralla” de los contribuyentes buscando hacer aún más pesados de los gastos de estas personas que han buscado a través de este esquema digital una forma de ingresos para completar sus gastos y que para nada son una competencia para los hoteleros, es un sector que no se había atendido y que tampoco genera los dividendos similares a los hoteles.
La respuesta parece clara, pues el compromiso de Carlos Joaquín González está con los grupos que él considera que tienen el poder, es decir los hoteleros, como hizo con la plataforma Uber que apoyó a los sindicatos de taxistas. En este caso tiene la vista puesta en las necesidades de los hoteleros, no en otros grupos que aunque no son tan poderosos económicamente representen un sector social importante.
El emplacamiento es otra estocada a la economía de los quintanarroenses que con calendario en mano cuentan los días para que termine este gobierno del estado, puesto que el gobernador se encuentra muy lejos de lo que ofreció y sigue diciendo en su discursos que no habrá impuestos y tratan de disfrazarlo a través de una presunta independencia del Congreso del Estado, mientras los quintanarroenses ven cada día más mermados sus ingresos, para ejemplo solo hay que darse una vuelta por la Avenida Héroes que parece un pueblo fantasma.
En su información difundida citan una NOM que según el gobierno permite el cambio de placas cada tres años, pero también permite que se puedan quedar hasta seis años, pero tratan de justificar sus acciones con verdades a medias, como si tuvieran suficiente aceptación para poder mentirle más a la gente.
En cuanto al reendeudamiento, disfrazado de “reestructuración”, qué más se puede decir hipotecan, por segunda ocasión en esta administración, la vida de los quintanarroenses por 25 años, cuando la mayoría de los que están tomando esas decisiones una vez terminado el gobierno actual empacarán sus maletas y regresarán a sus lugares de origen.
Parece que Juan de la Luz Kanfachi no es el único que quiere desaparecer de Quintana Roo, pero es claro que ninguno dejará la riqueza que está amasando, cada vez viene a la mente de los quintanarroenses el recuerdo de Eliezer Villanueva Lanz, cómo olvidarlo si Carlos Joaquín cada vez se parece a Roberto Borge.