Por David Acosta
Uno de los puntos flacos del gobierno de María Elena Lezama Espinosa es la comunicación social. Briget Ortega Aviña, quien está de salida de la Coordinación General de Comunicación (CGC) no pudo con el paquete y fue enviada a coordinar un programa clientelar: Mujer es Poder.
La deficiente estrategia de comunicación es notoria, no hay una directriz hacia donde llevar la imagen del Gobierno del Estado o de la gobernadora, a quien no le ha quedado más que aprovechar la figura de Andrés Manuel López Obrador. La información tiene un manejo peor que en gobiernos priistas y panista.
El manejo de crisis ha sido el talón de Aquiles para Ortega Aviña, para muestra un botón, todos se acuerdan la visita de Lezama Espinosa al papa Francisco en el año 2023, cuando llevó un tren de juguete a bendecir haciendo alusión a la obra emblemática del Tren Maya.
Durante esa visita ir vestida de negro y con velo, ocasionaron burlas en redes sociales y en medios nacionales, la gobernadora fue bautizada con el mote de “Chabelita”. La oficina de comunicación no se supo qué hacer y muchos se dieron vuelo hasta con memes.
Tampoco la CGC pudo controlar el escándalo que surgió con el programa “Mujer es Vida”, en el que se hallaron cobrando a unas 10 funcionarias municipales y estatales, pero luego la cifra creció a cerca de tres mil servidoras públicas.
Menos halló la forma de atender la crisis que se desató en el presente año, cuando hubo un reclamo generalizado de la sociedad chetumaleña por las inundaciones del 15 de junio, pues la gobernadora estaba fuera del país y según se filtró estaba de paseo. No llegó en el momento que más se le necesitaba y cuando llegó solo a grabar video en medio de charquitos.
Ni qué decir en el caso de la desaparición de la enfermera Dulce Yareli Flores Monge, cuyo cuerpo fue encontrado en las inmediaciones de la comunidad de Calderitas gracias a la presión social. La gobernadora ausente del tema y el manejo de la información desastroso.
María Elena Lezama por estos temas ha tenido que huir literalmente de los medios de comunicación y hasta cancelar eventos, como ocurrió con el encendido de las luces con motivo de las Fiestas Patrias, para no ser entrevistada ante un pésimo manejo de las crisis.
En estos y otros casos, lo único que se le ocurre a Briget Ortega es llamar para intimidar y amenazar a reporteros, periodistas y medios para no manejar la información, de no hacerlo sus convenios serían retirados. También se ha vuelto especialistas en quitar y poner conductores de noticieros en la radio de empresas privadas.
Las pocas obras del gobierno de Lezama Espinosa no lucen porque están opacadas por la excesiva información del Tren Maya, de obras federales y de AMLO. Además, y al final de cuentas, todo termina relacionándolo con el turismo.
Ya han pasado dos años de administración y no hay una sola obra de la gobernadora que la identifique de forma positiva.
La mandataria estatal se ha convertido en su propia vocera y además a través de sus redes privadas. La información dejó de ser institucionalizada, ya no se transmite a través de las cuentas oficiales del Gobierno del Estado. No se puede gobernar y hacer el trabajo que no hace la CGC, o lo que es lo mismo “no se puede chiflar y comer pinole” como dice el viejo refrán.
Ahora toca el turno a Laura Aguilar Loredo y no se espera que las cosas cambien pues ya traía metidas las manos en la CGC, de hecho, ella es quien en parte se encargaba de la imagen de la gobernadora y también de la información que se distribuye a los medios.
Es una funcionaria de fuera del estado que no pudo ser vocera desde el inicio de la administración porque no cumplió con el requisito de residencia y en su momento se dijo que es un pago de factura para Marcelo Ebrard Casaubón.
El presupuesto de la CGC es de más de 109 millones 335 mil pesos al año. El trabajo no es solo pagar medios, sino realizar una verdadera estrategia de comunicación que sirva no solo para ensalzar la imagen de la gobernadora, sino para informar de forma útil y transparente a la ciudadanía y sin datos engañosos, como los 200 mil millones de pesos de inversión que se presumió en el segundo informe y que no se ven por ningún lado.
PAYO OBISPO
A todo lo anterior hay que sumar el maltrato y abuso de autoridad que sufren los trabajadores de la CGC por parte de la administradora Aida Daniela Cervera, quien a sus largas y a sus anchas dispone que se hace y que no se hace, debido a la ausencia de los directores de área, y de la propia vocera, que despachan desde Cancún y solo por teléfono atienden las necesidades de trabajo, como el caso de la directora de monitoreo e Israel Camarena, quienes nunca se presentan en Chetumal, pero devengan un salario como si lo hicieran.