Alberto Capella Ibarra utilizó el aparato gubernamental para salir a defender su postura respecto a la muerte del inspector José Antonio Archi Yama y la respuesta de la población fue simple no le creyeron; está mal visto hablar de una persona cuando está ausente y no se puede defender, hablar de los muertos y ensuciar su nombre para salvar el pellejo es peor.
Esto deja claro la calidad de persona que es y termina por confirmar que el tijuanense es el peor error cometido por el gobernador Carlos Joaquín en su administración y eso que ha comedio varios.
Y es que en su afán de contrarrestar los señalamientos en su contra por los nulos resultados en materia de seguridad, a un año de su designación, ha llevado a Capella Ibarra a tomar caminos que no solo lo perjudican a él, sino a quien lo trajo al estado, muy a pesar de los quintanarroenses.
La salida fácil que encontró el tijuanense no solo fue responsabilizar a quien hoy permanece bajo prisión, sino insultar la memoria del inspector víctima de la delincuencia organizada. En resumen el secretario dio a entender que Archi Yama buscó su propia muerte.
Lo realmente preocupante es el atrevimiento de culpar anticipadamente al policía caído, además de proporcionar datos que ni siquiera la Fiscalía General del Estado (FGE) se atrevió a dar a conocer. El protagonismo de Capella Ibarra no tiene precedentes en la historia de Quintana Roo, su imprudencia tampoco y que en su mayoría han sido desmentidas.
Condenó los hechos, pero dejó por los suelos la memoria del inspector. Habló a nombre de los cinco mil 72 policías en el estado, pero ni siquiera sus propios elementos creen en sus palabras, aunque a haya puesto a los comandantes como maniquíes durante su conferencia, la mayoría se sigue quejando.
Son muchas las interrogantes alrededor del inspector ejecutado quien fungía como enlace del Mando Único en el municipio de Solidaridad. Por ejemplo ¿por qué poner al comandante con clave “Cedro” al frente del Mando Único en el segundo municipio más violento, si no le tenía confianza?
¿Cómo consiguió los datos que dijo tener en cuanto a las seis propiedades y además de señalarlo como prestanombres del antecesor de Carlos Joaquín? ¿Por qué la Fiscalía no ha dicho nada al respecto? ¿Con los datos vertidos, no es Capella Ibarra el primero que politiza o busca sacar raja política del hecho criminal? En el caso de que fuera cierto lo que afirma, él ni siquiera asume la responsabilidad de haberlo puesto en ese cargo.
“El Rambo” Tijuanense se equivoca al señalar que la sociedad está en contra de la Secretaría de Seguridad Pública o de los elementos, la ciudadanía está en contra únicamente de él por la falta de resultados. Acusa con ligereza a sus propios elementos cuando mueren, pero él anda con una seguridad que ni el propio Presidente de la República tiene. Los elementos dan la vida por él, pero él no es capaz de asistir a su funeral, debería aprender de Luis Felipe Saidén Ojeda su homólogo de Yucatán.
Dice el refrán popular “la culpa no es del indio, sino el que lo hace compadre”, cuánta razón hay en esa frase.
Ha bastado un año para que el titular de la SSP hunda en la peor crisis de inseguridad a Quintana Roo, pese a sus cifras alegres. Los ciudadanos albergan una esperanza de que Carlos Joaquín recapacite, sin embargo parece que eso no ocurrirá, al menos de forma inmediata. Los efectos de esta decisión son más que evidentes en las redes sociales, basta ver el 99 por ciento de los comentarios negativos que se registraron en la propia página de la SSP durante la conferencia matutina y ni que decir de las cuentas del Joaquín González cada vez que refiere al tema de la inseguridad.
Los quintanarroenses tendrán que esperar una peor tragedia para que se tome la seguridad como un verdadero problema social y no solamente como un tema de estadísticas.
El miedo ya empezó a cundir a Capella Ibarra, quien ni tardo ni perezoso se comunicó con integrantes de la Comisión de Seguridad Pública, ante la cual comparecerá el próximo 1 de octubre ante la XVI Legislatura. La vida dio un giro inesperado, estará frente a personas de quienes no se ha cansado de mal hablar.