Por David Acosta
Hace unos días generó controversia un video en el que aparece una mascota colgada de un drone. La ciudadanía cuestionó el hecho. Sin embargo, ¿Qué es más reprobable, el maltrato del perrito por parte de unos jóvenes o que la máxima autoridad de Quintana Roo se cuelgue del hecho para sacar raja política?
El video del maltrato animal en una propiedad de la comunidad de Xulhá fue difundido por uno de los propios autores. Como pólvora fue difundido el caso que salió de las esferas locales, para trascender en el plano nacional.
En las imágenes se observa a un perrito raza chihuahua de nombre “Osito” atado a un drone por los aires, mientras los autores no solo reían, sino disfrutaban y se burlaban del hecho a carcajadas.
El Gobierno de Mara Lezama casi de inmediato ordenó la localización y el rescate de la mascota. Para ello se movilizó personal de varias instituciones estatales, entre ellas la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente (SEMA), la Procuraduría de Protección al Ambiente (PPA) y la Fiscalía General del Estado (FGE), la cual por cierto ya abrió una carpeta de investigación.
La gobernadora dio sendas declaraciones en donde advirtió que no se tolerará ningún acto de crueldad animal.
Lo que llama la atención de este caso es la rápida intervención de las autoridades para intervenir, investigar y localizar al perrito que esta bajo resguardo.
Pero más allá, la utilización del maltrato de la mascota para impulsar la imagen política de la gobernadora, quien salió en el video hasta con “Osito” en brazos, con el objetivo de sacar raja política de este lamentable hecho que impactó a la sociedad. Estaba acompañada del titular de SEMA, Óscar Rébora, funcionario que es apodado «El cometa».
Lo cuestionable del tema, además de lucrar con la desgracia de la mascota, es que el gobierno humanista de Mara Lezama no actúa de la misma forma en caso que afectan a personas.
El ejemplo claro, es el más reciente: la desaparición del enfermero Rámiro Cáceres López. En este caso se actuó de manera tardía, tres días después inició la búsqueda por parte de la propia FGE y de otras autoridades, pero fue hasta cinco días después de ser visto por última vez apareció su cuerpo. Para las tareas de búsqueda fue necesaria una manifestación y un bloqueo carretero.
Con la familia del hoy occiso, solo hubo llamadas ningún acercamiento en persona por parte de la mandataria estatal y qué esperanzas de tomarse fotos, aunque los familiares insistieron en una atención personalizada.
Para variar Mara Lezama hasta se molestó cuando un reportero le preguntó sobre el tema en un evento público.
No se trata de restar importancia al perrito, pues muchas familias consideran a sus mascotas como integrantes, sino que hay que dar prioridad, atención y mismo trato a los asuntos de relevancia y que atentan contra la ciudadanía y en este caso, contra el bienestar animal.
En la actualidad una mascota es igual de importante que un ser humano y tienen derechos plasmados en leyes.
Hace algunas semanas, en una columna, hice referencia a víctimas de primera y de segunda, con relación al caso de Ramiro Cáçeres, en el que resalté la desigual atención a un hecho en contra de un ciudadano comparado con el de un funcionario público, empresario o turista.
Pero parece que en el gobierno de Mara no solo hay víctimas de primera y de segunda, ahora hay hasta seres vivos de primera y de segunda.
El punto es que hay que estar con todos en las buenas y en las malas, y no solo lucrar con hechos cuando las cosas tengan finales “felices”.