Por David Acosta
La situación política en la que se encuentra la gobernadora María Elena Lezama ha llevado a prohibir, a los medios de comunicación, la pregunta: ¿cuál es el partido con el que se identifica? Ello puede representar una traición para alguno de los institutos políticos a los que ha servido.
Para nadie es un secreto la cercana relación de la actual mandataria con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), desde su primera incursión como presidenta municipal en 2018.
En la actualidad tiene incrustado en su gobierno, y en puestos claves, a funcionarios emanados del verde que han dejado mucho que desear y en algunos casos, reciclados de administraciones priistas y panistas.
Entre los verdes que tiene en la administración está Luis Pablo Bustamante, secretario del Bienestar; Cristina Torres, secretaria de Gobierno; y José de la Peña Ruiz de Chávez, jefe de Oficina de la Gobernadora.
Pero más allá de todo lo que se conoce y ha sido multicitado, la relación con el verde ha generado para la María Elena Lezama un conflicto de intereses.
Es de entenderse que en teoría fue Andrés Manuel López Obrador, en su momento quien la invitó a participar como candidata a la presidencia municipal de Benito Juárez en la elección del 2018.
Sin embargo los compromisos adquiridos con el partido verde la ponen en un dilema, al grado de ya no querer responder cuál es su afinidad partidista, que desde la Coordinación General de Comunicación, dirigido por Laura Aguilar Loredo, se encargan de interceptan a los representantes de los medios informativos, para evitar cuestionar “si es con melón o con sandía”.
Todo ello tras el agitado panorama que se vive a nivel central con el PVEM y Morena. Relación que ha llegado a mencionarse que está en riesgo, aunque en el discurso todo es miel sobre hojuelas.
Andrés Manuel López Beltrán, “Andy” secretario de Organización de Morena y quien realmente maneja el partido a nivel Nacional, ha puesto el dedo en la llaga más de una vez, en su visita al estado, al señalar que se rescatará a la base de morena, es decir, a los fundadores y que se acabaron los “dobleteos”, lo que significa que los morenistas deben ser leales al partido y no favorecer a otros.
La aparición de Rafel Marín Mollinedo, fundador de Morena y amigo personal de López Beltrán, ejerce más presión sobre la gobernadora. Pues ha dicho abiertamente que participará, si así le es permitido por la presidenta Claudia Sheinbaum, como aspirante a la gubernatura de Quintana Roo en 2027.
La respuesta (cualquiera que sea) de María Elena Lezama a la pregunta sobre su verdadera afinidad política puede complicar aún más su situación política rumbo a la sucesión, que ya inició de manera anticipada y en la que hay muchos apuntados, incluso trabajando a sus largas y su anchas.
Anteriormente Lezama Espinosa se ha declarado morenista (aunque no significa que en la práctica lo sea), pero en la actualidad esto puede representar una traición para algunos de los grupos, más ahora que el verde hará lo que sea para quedarse con la gubernatura. El protector de la gobernadora ahora está en un rancho.
Payo Obispo
Fue la presión social la que obligó a la gobernadora María Elena Lezama a enviar una nueva iniciativa al Congreso del Estado, para evitar que se afecte la libertad de expresión y de manifestación, derivado de las modificaciones al Código Penal y la Ley de Movilidad, que sanciona bloqueos y aumenta castigos en delitos cometidos por prestadores de servicio público o privado de transporte.
Una contradicción clara de la visión corta del gobierno de la Cuarta Transformación, lo menos que está obligada la mandataria estatal es corregir el error luego de una autoexhibida con su propia iniciativa.
Adjudicarse el crédito con una presunta reunión de análisis minuciosa del artículo que ocasionó la controversia es poco creíble.